Yo trabajaba en la cocina de una gasolinera, tenia
poco tiempo pero me sentía bien , cuando en una ocasión llego un señor que yo
no conocía, sin mas se paro en la puerta y me empezó a maltratar por haber
movido el refrigerador de su lugar, (cosa que era mentira, yo no había movido
nada), yo lo mire sin decir palabra, en esos días yo me estaba preparando para ir
a una excursión al templo Mormón de México, inmediatamente en mi mente comencé
a hacer una oración para que no cayera
en esa provocación, el señor llego abrió la alacena, tiro las cosas al
piso, luego fue al refrigerador e hizo lo mismo, parecía como loco, entonces me
quite el mandil, lo doble y lo guarde en mi bolsa, tome todos mis recetarios y
después sin haber hablado absolutamete nada, me dirigí a la puerta para irme, en
ese momento escuche …
-
¿A dónde crees que vas?, ¿no sabes quien soy yo?,
-
¡no, no se y tampoco me interesa! Le conteste
-
¡soy el dueño de todo esto!
-
¡bueno, adiós!
-
¡párate ahí!, ¡no te he dicho que te vayas!
Sin hacer caso de sus gritos, comencé a bajar las
escaleras, la cocina se encontraba en un tercer piso, en el segundo piso
estaban las oficinas y abajo el restaurant y las gasolineras, cuando pase por
enfrente de las oficinas, salió una contadora que le gustaba comer lo que yo
preparaba, me dio su numero de teléfono y me dijo “señora, ¡hábleme, por
favor!”, yo tome sin pensar el papel que me dio y me fui.
Al siguiente me encontraba realmente preocupada, no
tenia trabajo y si la responsabilidad de dar de comer a mis hijos y además de
tener la meta de ir al templo al fin de mes, entonces recordé que la señora
contadora me había dado su numero telefónico, le llame y me dijo…
-
Señora, yo no puedo pagarle tanto como le pagaban
aquí, pero si quisiera que trabajara para mi en mi casa, solo la necesito por
la mañana de las siete a las doce, quisiera que me ayude un poco con los
quehaceres de la casa, le pagare la mitad, pero sobretodo necesito que me haga comida
para mi bebe que apenas empieza a comer,
para mi esposo que sale a las cinco del trabajo y quisiera que me ayude a tener
una comida dietética para mi todos los días, ¿acepta?.
Yo le dije que si, me dio la dirección de su casa y
me presente al siguiente día por la mañana.
Todo iba bien, la casa era mas o menos grande, tenia
una cochera para dos coches, un pequeño jardín, la entrada principal daba a una
amplia sala, luego tenia un comedor grande, enfrente la cocina, al fondo una
recamara con baño y regadera muy amplio, lo usaban de estudio , a un costado la puerta hacia el patio trasero, afuera tenia
un patio grande todo en cementado con excepción de un cuadro en donde estaba
plantado un árbol de mango muy frondoso, sus ramas llegaban a todo lo ancho del patio, y tan alto
que sobrepasaba las recamaras de arriba, y tapaba los cuartos de lavado y
planchado que se encontraban al fondo del patio, a un costado de la puerta de
entrada, se encontraban las escaleras, arriba estaban dos recamaras grandes con
baño cada una, tenían también una terraza
con un balcón pequeño, las ventanas de las dos recamaras se abrían y se podían
tocar las hojas del mango.
Trabaje muy a gusto, hasta que un fin de semana me
aviso que tenia que salir con su esposo e hija por unos días, me encargo que
limpiara bien la casa y que luego me tomara unos días de descanso, yo se lo agradecí
y así lo hice, al siguiente día, me fui a la misma hora, lave toda la ropa de
cama, los baños, los pisos, ventanas, balcones, deje la cocina reluciente,
doble toda la ropa perfectamente, limpie los patios, pode el césped, hice todo
lo que se necesitaba en el transcurso de la semana, para descansar viernes, sábado
y el domingo ir a la iglesia, la señora
me había dicho que el siguiente lunes ellos llegarían por la madrugada, mi único
pendiente era que el mango ya estaba lleno de mangos maduros pero pensé que
solo iría el domingo por la tarde a recogerlos y limpiar en donde cayeran y ya.
El viernes, en vez de ir a mi trabajo, me fui a
visitar a las hermanas que estaban
inactivas y a una anciana que
estaba enferma, se me fue el día haciendo eso, por las tardes vendía pan en la
calle, tenia un exhibidor pequeño y una
parte me la llevaban de una panadería y otra parte yo la horneaba, el sábado amaneció
muy soleado, así que repetí la historia, me fui a seguir buscando a las
hermanas que no estaban activas en la iglesia, me gustaba escucharlas y poder
ayudarles a ponerse metas, a veces orábamos,
cantábamos, leíamos algún mensaje, les compartía mi testimonio, en ocasiones
algunas hermanas activas me acompañaban en otras iba yo sola, era hermoso
pensar que solo estas siendo un instrumento en las manos de Dios, para buscar a
todas aquellas personas que necesitan ser escuchadas o nutridas de algo
espiritual que no consiguen en las tiendas, que no saben como encontrar, el sábado
paso sin mas contratiempos, por la noche me acosté en verdad cansada, me dolía
el cuerpo, las piernas, todo, no había tenido un momento de reposo en toda la
semana, me dispuse a dormir, cuando de pronto comenzaron a escucharse los
truenos que anunciaban lluvia, el sueño se me fue inmediatamente, pensé que si llovía,
el mango soltaría todos los mangos maduros, las ramas azotarían las ventanas y
puertas, todo se llenaría de lodo porque era la primera lluvia del año, no pude
evitar que de mis ojos salieran las lagrimas, no había tiempo, al siguiente día
era domingo y toda la mañana tendría que ir a la iglesia, eso haría que si salía
el sol, los mangos caídos se pegarían mas y seria mas difícil limpiar toda la
casa de nuevo, la señora llegaba el lunes en la mañana temprano, me levante de
la cama y me arrodille, hice una oración y le pedí al Padre Celestial, que me diera todas las fuerzas que necesitara
para poder limpiar la casa el domingo por la tarde, para mi era importante que
la señora llegara y encontrara la casa limpia, porque ella podría pensar que no
fui en toda la semana.
No supe a que horas me dormí, la tormenta estaba muy
fuerte, había rachas de viento que continuamente me despertaban, a la mañana
siguiente hice mi oración y de nuevo le pedí a mi Padre Celestial, dos cosas en
especial, la primera que me ayudara a quitar de mi cabeza la preocupación de la
limpieza de la casa, porque yo sabia que de no hacerlo, no tendría el espíritu conmigo,
tenia que dar un discurso, una clase, además era la Presidenta de la Sociedad
de Socorro y necesitaba proyectar ese espíritu de paz que las hermanas
necesitaban, la segunda cosa que pedí, era que me ayudara a tener fuerza en mis
brazos en mis piernas, en mis lomos para hacer ese trabajo por la tarde cuando
me desocupara.
Fue uno de los domingos mas espirituales y hermosos
que recuerdo, tanto que hasta me quede a una junta al termino de los servicios
y jamás me acorde de la casa sucia.
Cuando salí de la iglesia de nuevo recordé mis
obligaciones, le di de comer a mi hijo y luego me fui a la casa dispuesta a
limpiarla hasta terminar, pero todavía me sentía muy cansada, cuando baje del camión,
había charcos por donde quiera y el agua todavía estaba corriendo en algunos
lugares, comencé a caminar a la casa de
la señora e hice otra oración, le pedi una vez mas al Padre, que me ayudara, llegue y abrí la puerta,
camine con la cabeza agachada, atravesando la cochera y el jardín para llegar a la entrada principal de la casa,
entre, me puse mi mandil, me fui al fondo de la casa para llegar hasta el patio
trasero y cuando abrí, la puerta no podía creer lo que estaba mirando,
QUIERO QUE SEPAN QUE LO ESTOY RECORDANDO Y MIS OJOS
SE LLENAN DE LAGRIMAS Y MI CORAZON DE AMOR HACIA MI PADRE CELESTIAL, PORQUE EN
OCASIONES OLVIDAMOS TODO LO QUE EL HACE POR CADA UNO DE NOSOTROS.
El mango estaba seco, sus mangos estaban ahí sin
caer, el patio y toda la casa se encontraba completamente seca, yo crei que
estaba soñando que no podía ser real, mi cuerpo temblaba, corri al teléfono y
le llame a la hermana Aguilar, que era
muy especial para mi, apenas si pude hablar y le pedí que fuera de inmediato a
la casa, ella vivía cerca de ahí, llego en poco tiempo, cuando le abrí la
puerta, le mostré como estaba toda la casa seca y completamente limpia, las dos
caímos de rodillas, e hicimos una oración tan, pero tan hermosa, luego la hermana me compartio un sueño que a ella le habia sido revelador en su vida, despues salimos
de ahí, regreso a su casa y yo a la mía, todavía hasta hoy me siento
indigna de un milagro así, pero Dios seguramente sabia que yo estaba haciendo
las cosas bien y me ayudo, no tengo duda de ello, se que Dios existe y nos ama,
se que la oración, el servicio a
nuestros semejantes, el ayuno y la lectura de las escrituras nos ayudan a
perfeccionarnos, se estas cosas y las comparo en el nombre de Jesucristo Amen.
Con cariño comparto esto en especial para mi nieta
Yulia Rebeca.