sábado, 29 de septiembre de 2012

TESTIMONIO DE LA ORACION



Yo trabajaba en la cocina de una gasolinera, tenia poco tiempo pero me sentía bien , cuando en una ocasión llego un señor que yo no conocía, sin mas se paro en la puerta y me empezó a maltratar por haber movido el refrigerador de su lugar, (cosa que era mentira, yo no había movido nada), yo lo mire sin decir palabra, en esos días yo me estaba preparando para ir a una excursión al templo Mormón de México, inmediatamente en mi mente comencé a hacer una oración para que no cayera  en esa provocación, el señor llego abrió la alacena, tiro las cosas al piso, luego fue al refrigerador e hizo lo mismo, parecía como loco, entonces me quite el mandil, lo doble y lo guarde en mi bolsa, tome todos mis recetarios y después sin haber hablado absolutamete nada, me dirigí a la puerta para irme, en ese momento escuche …
-         ¿A dónde crees que vas?, ¿no sabes quien soy yo?,
-         ¡no, no se y tampoco me interesa!  Le conteste
-         ¡soy el dueño de todo esto!
-         ¡bueno, adiós!
-         ¡párate ahí!, ¡no te he dicho que te vayas!
Sin hacer caso de sus gritos, comencé a bajar las escaleras, la cocina se encontraba en un tercer piso, en el segundo piso estaban las oficinas y abajo el restaurant y las gasolineras, cuando pase por enfrente de las oficinas, salió una contadora que le gustaba comer lo que yo preparaba, me dio su numero de teléfono y me dijo “señora, ¡hábleme, por favor!”, yo tome sin pensar el papel que me dio y me fui.

Al siguiente me encontraba realmente preocupada, no tenia trabajo y si la responsabilidad de dar de comer a mis hijos y además de tener la meta de ir al templo al fin de mes, entonces recordé que la señora contadora me había dado su numero telefónico, le llame y me dijo…
-         Señora, yo no puedo pagarle tanto como le pagaban aquí, pero si quisiera que trabajara para mi en mi casa, solo la necesito por la mañana de las siete a las doce, quisiera que me ayude un poco con los quehaceres de la casa, le pagare la mitad,  pero sobretodo necesito que me haga comida para mi bebe que apenas empieza a  comer, para mi esposo que sale a las cinco del trabajo y quisiera que me ayude a tener una comida dietética para mi todos los días, ¿acepta?.
Yo le dije que si, me dio la dirección de su casa y me presente al siguiente día por la mañana.
Todo iba bien, la casa era mas o menos grande, tenia una cochera para dos coches, un pequeño jardín, la entrada principal daba a una amplia sala, luego tenia un comedor grande, enfrente la cocina, al fondo una recamara con baño y regadera muy amplio, lo  usaban de estudio , a un costado  la puerta hacia el patio trasero, afuera tenia un patio grande todo en cementado con excepción de un cuadro en donde estaba plantado un árbol de mango muy frondoso, sus ramas  llegaban a todo lo ancho del patio, y tan alto que sobrepasaba las recamaras de arriba, y tapaba los cuartos de lavado y planchado que se encontraban al fondo del patio, a un costado de la puerta de entrada, se encontraban las escaleras, arriba estaban dos recamaras grandes con baño cada una, tenían también una terraza  con un balcón pequeño, las ventanas de las dos recamaras se abrían y se podían tocar las hojas del mango.
Trabaje muy a gusto, hasta que un fin de semana me aviso que tenia que salir con su esposo e hija por unos días, me encargo que limpiara bien la casa y que luego me tomara unos días de descanso, yo se lo agradecí y así lo hice, al siguiente día, me fui a la misma hora, lave toda la ropa de cama, los baños, los pisos, ventanas, balcones, deje la cocina reluciente, doble toda la ropa perfectamente, limpie los patios, pode el césped, hice todo lo que se necesitaba en el transcurso de la semana, para descansar viernes, sábado y el domingo ir a la iglesia,  la señora me había dicho que el siguiente lunes ellos llegarían por la madrugada, mi único pendiente era que el mango ya estaba lleno de mangos maduros pero pensé que solo iría el domingo por la tarde a recogerlos y limpiar en donde cayeran y ya.
El viernes, en vez de ir a mi trabajo, me fui a visitar a las hermanas que estaban  inactivas y  a una anciana que estaba enferma, se me fue el día haciendo eso, por las tardes vendía pan en la calle, tenia un exhibidor pequeño y  una parte me la llevaban de una panadería y otra parte yo la horneaba, el sábado amaneció muy soleado, así que repetí la historia, me fui a seguir buscando a las hermanas que no estaban activas en la iglesia, me gustaba escucharlas y poder ayudarles a ponerse metas, a veces  orábamos, cantábamos, leíamos algún mensaje, les compartía mi testimonio, en ocasiones algunas hermanas activas me acompañaban en otras iba yo sola, era hermoso pensar que solo estas siendo un instrumento en las manos de Dios, para buscar a todas aquellas personas que necesitan ser escuchadas o nutridas de algo espiritual que no consiguen en las tiendas, que no saben como encontrar, el sábado paso sin mas contratiempos, por la noche me acosté en verdad cansada, me dolía el cuerpo, las piernas, todo, no había tenido un momento de reposo en toda la semana, me dispuse a dormir, cuando de pronto comenzaron a escucharse los truenos que anunciaban lluvia, el sueño se me fue inmediatamente, pensé que si llovía, el mango soltaría todos los mangos maduros, las ramas azotarían las ventanas y puertas, todo se llenaría de lodo porque era la primera lluvia del año, no pude evitar que de mis ojos salieran las lagrimas, no había tiempo, al siguiente día era domingo y toda la mañana tendría que ir a la iglesia, eso haría que si salía el sol, los mangos caídos se pegarían mas y seria mas difícil limpiar toda la casa de nuevo, la señora llegaba el lunes en la mañana temprano, me levante de la cama y me arrodille, hice una oración  y le pedí al Padre  Celestial,  que me diera todas las fuerzas que necesitara para poder limpiar la casa el domingo por la tarde, para mi era importante que la señora llegara y encontrara la casa limpia, porque ella podría pensar que no fui en toda la semana.
No supe a que horas me dormí, la tormenta estaba muy fuerte, había rachas de viento que continuamente me despertaban, a la mañana siguiente hice mi oración y de nuevo le pedí a mi Padre Celestial, dos cosas en especial, la primera que me ayudara a quitar de mi cabeza la preocupación de la limpieza de la casa, porque yo sabia que de no hacerlo, no tendría el espíritu conmigo, tenia que dar un discurso, una clase, además era la Presidenta de la Sociedad de Socorro y necesitaba proyectar ese espíritu de paz que las hermanas necesitaban, la segunda cosa que pedí, era que me ayudara a tener fuerza en mis brazos en mis piernas, en mis lomos para hacer ese trabajo por la tarde cuando me desocupara.
Fue uno de los domingos mas espirituales y hermosos que recuerdo, tanto que hasta me quede a una junta al termino de los servicios y jamás me acorde de la casa sucia.
Cuando salí de la iglesia de nuevo recordé mis obligaciones, le di de comer a mi hijo y luego me fui a la casa dispuesta a limpiarla hasta terminar, pero todavía me sentía muy cansada, cuando baje del camión, había charcos por donde quiera y el agua todavía estaba corriendo en algunos lugares,  comencé a caminar a la casa de la señora e hice otra oración, le pedi una vez mas al Padre,  que me ayudara, llegue y abrí la puerta, camine con la cabeza agachada,  atravesando la cochera y el jardín  para llegar a la entrada principal de la casa, entre, me puse mi mandil, me fui al fondo de la casa para llegar hasta el patio trasero y cuando abrí, la puerta no podía creer lo que estaba mirando,

QUIERO QUE SEPAN QUE LO ESTOY RECORDANDO Y MIS OJOS SE LLENAN DE LAGRIMAS Y MI CORAZON DE AMOR HACIA MI PADRE CELESTIAL, PORQUE EN OCASIONES OLVIDAMOS TODO LO QUE EL HACE POR CADA UNO DE NOSOTROS.

El mango estaba seco, sus mangos estaban ahí sin caer, el patio y toda la casa se encontraba completamente seca, yo crei que estaba soñando que no podía ser real, mi cuerpo temblaba, corri al teléfono y le llame a la  hermana Aguilar, que era muy especial para mi, apenas si pude hablar y le pedí que fuera de inmediato a la casa, ella vivía cerca de ahí, llego en poco tiempo, cuando le abrí la puerta, le mostré como estaba toda la casa seca y completamente limpia, las dos caímos de rodillas, e hicimos una oración tan, pero tan hermosa, luego la hermana me compartio un sueño que a ella le habia sido revelador en su vida, despues salimos de ahí, regreso a su casa y yo a la mía, todavía hasta hoy me siento indigna de un milagro así, pero Dios seguramente sabia que yo estaba haciendo las cosas bien y me ayudo, no tengo duda de ello, se que Dios existe y nos ama, se que la oración,  el servicio a nuestros semejantes, el ayuno y la lectura de las escrituras nos ayudan a perfeccionarnos, se estas cosas y las comparo en el nombre de Jesucristo Amen.
Con cariño comparto esto en especial para mi nieta Yulia Rebeca.

martes, 11 de septiembre de 2012

¿PERDONAR O PEDIR PERDÓN?





Después de la muerte de mi padre, me volví completamente agresiva contra todo el mundo, no soportaba que nadie me dijera nada e incluso que me vieran, eso era motivo para querer pelear, quizás era la impotencia de no haber podido hacer nada para que mi padre no muriera, todas las noches tenia pesadillas, me separe inmediatamente de mi esposo, todo en mi vida era un caos, pero eso cambio cuando me bautice en la Iglesia SUD, los misioneros me hablaron de las ordenanzas en el Templo y pensé: ¿Qué tal que no es cierto?, pero…¿Qué tal que si?, así que tome la decisión de prepararme e ir al Templo  de México para ver que tanta verdad existía en esa historia tan hermosa.
Me puse a trabajar para poder pagar un diezmo, oraba, ayunaba, leía,  daba clases, servía  en mi llamamiento, todo lo que era necesario lo hacia, pero existía un gran problema en esa preparación, tenia que pedir perdón y perdonar a todos los que me hubieran ofendido, yo estaba dispuesta a pedir perdón a todas aquellas personas a las que había ofendido, no tenia ningún problema con eso, pero cuando pensaba en perdonar a los que me habían ofendido, inmediatamente estaba en mi mente el rostro de un sobrino mío que había hecho mucho daño a uno de  mis hijos, sentía un coraje que calentaba mi piel al momento, lo único que quería era encontrarlo y golpearlo hasta matarlo, mi cuerpo temblaba y me invadía un sentimiento de odio y rencor hacia ese joven e inmediatamente trataba de borrarlo de mi mente.
Hice mi lista para ir a pedir perdón, pensando en ocuparme de lo “demás” después.
En ese momento no sabia que era  mas importante y difícil de hacer, si pedir perdón o perdonar, mi lista era larga, pero solo habían sido ofensas que yo consideraba “pequeñas”, aunque de todas maneras busque a las personas y les pedí perdón, compartiré unos ejemplo: un día, llevaba a mi hijo a la escuela y nos encontramos a un señor que paso junto a nosotros, después de unos pasos mi hijo me dijo: - “mamá, ese señor que paso me pego en la cabeza”-, yo sin preguntar los detalles o ver si eso era cierto o no, me voltee y   le dije una cantidad de majaderías, retándolo a tener un pleito a golpes con el, ¡pobre hombre!, recuerdo que quería hablar y yo no lo dejaba, mejor se fue, además que después de ese penoso incidente, mi hijo me dijo - ¡bueno mami, creo que no me pego, solo me acaricio la cabeza!- imagínense como me sentí.
Una mañana que llevaba de nuevo a mi hijo a la escuela, vimos a ese señor, me di cuenta como al mirarnos se cruzo de calle para evitar un mal rato, yo hice lo mismo y me encontré cara a cara con el, furioso, el hombre se puso a la defensiva inmediatamente, entonces yo le dije:-
- ¡señor, solo quiero pedirle que me perdone!, -extrañado me miraba como no creyendo lo que había escuchado,
- ¿Cómo dice?
- ¡que solo quiero pedirle que me perdone!, mi comportamiento del otro día no fue el adecuado, no le di tiempo a explicarse, ni siquiera le pregunte a mi hijo detalles de lo que había pasado y lo ofendí sin razón
-¡no se preocupe señora!, yo solamente le había tocado la cabeza a su hijo, pero no lo dañe
-¡si, ahora lo se!, ¡perdóneme!, - le ofrecí mi mano en señal de amistad.
-¡claro que si señora!, ¡olvídelo! ¡aquí no ha pasado nada! – nos estrechamos la mano y se despidió amablemente.
Es también imposible no recordar lo acontecido con mi gran amiga y antigua vecina.
Tiempo  atrás María y su familia vivía justo enfrente de mi casa, ella me ayudo  con mis hijos, pero aun con todo eso, yo me pelee con ella y le pegue, así que fui a buscar a Lupita que era su comadre y le pedí que me acompañara a visitar a María para pedirle perdón.
-¡Buenas noches comadre! – la primera impresión era que la casa estaba sola pero Lupita insistió
-¡comadre, buenas noches!, la puerta se abrió y apareció María, se sorprendió de vernos pero nos invito a pasar, (yo pensaba “como es posible ¿que después de que le pegue me invite a pasar a su casa?)
-Mari, (le dije), fíjate que me bautice en una iglesia y me estoy preparando para ir al Templo en México, pero para poder hacerlo, necesito que me perdones por haberte pegado.
-¿te bautizaste?, ¿en cual Iglesia?
-¡Pues a lo mejor no la conoces! es una que esta en Las Brisas, es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, la conocen como la Mormona.
-¡jajajajajaja!, María soltó tremenda carcajada y yo tuve que contar hasta diez para no volver a golpearla creyendo que se estaba burlando de mi.
-¿Qué pasa María?
-¡pues que hace rato llegue de ahí!, ¡yo me acabo también de bautizar!
Las dos nos abrazamos y nos reímos, estuvimos platicando las tres a cerca de las bendiciones que Dios nos da cuando obedecemos, días después su comadre Lupita se bautizo, ¡claro esta!, que nosotros la ayudamos.

Todo eso de pedir perdón era fácil, pero la lista se  termino y solamente me faltaba lo mas difícil, perdonar a mi sobrino, esa noche, ore de rodillas y le pedí a Dios, que me ayudara a hacerlo, muchas veces ya lo había echo, pero ese día, le dije: “si me lo encuentro, ayúdame a decir solo lo que tu quieres que diga, a sentir solo lo que tu quieres que yo sienta”, por la mañana volví a orar y pedí nuevamente lo mismo, me fui a casa de una hermana y en un callejón sin salida, le dicen “la arrinconada”, porque justamente no tiene mas de metro y medio de ancho por unos veinte metros de largo, pues fue ahí en donde  al dar vuelta, me tope con mi sobrino, no había para donde se fuera el; ni para donde me fuera yo, quiso irse hasta el otro extremo de la calle, pero lo detuve.
-X, ¡quiero hablar contigo!
-¡si tía, dígame!, me contesto y se puso unos pasos atrás,
-¡Solo quiero decirte que te perdono!, ¡te perdono de todo corazón el daño que le hiciste a mi hijo!, deseo que te vaya muy bien en la vida, te quiero y si puedo hacer algo por ti, no dudes en pedírmelo.
Mi sobrino cayo de rodillas y comenzó a llorar, beso mis manos y por mas que yo trataba de ayudarlo a levantarse, el no lo hacia, me pedía perdón una y otra vez, yo volví a sentir que mi piel se calentaba, pero ahora ya no era de rabia, era de un sentimiento de compasión y de amor hacia mi sobrino, lo abrace y tiempo después el y su familia recibieron un bautismo en la iglesia SUD.
¿Qué fue lo mas difícil?, ahora lo se.
NADA ES DIFICIL, CUANDO CONFIAS EN DIOS Y HACES SOLO LO QUE EL HARIA,  lo comparto en el nombre de Jesucristo Amen.