martes, 11 de septiembre de 2012

¿PERDONAR O PEDIR PERDÓN?





Después de la muerte de mi padre, me volví completamente agresiva contra todo el mundo, no soportaba que nadie me dijera nada e incluso que me vieran, eso era motivo para querer pelear, quizás era la impotencia de no haber podido hacer nada para que mi padre no muriera, todas las noches tenia pesadillas, me separe inmediatamente de mi esposo, todo en mi vida era un caos, pero eso cambio cuando me bautice en la Iglesia SUD, los misioneros me hablaron de las ordenanzas en el Templo y pensé: ¿Qué tal que no es cierto?, pero…¿Qué tal que si?, así que tome la decisión de prepararme e ir al Templo  de México para ver que tanta verdad existía en esa historia tan hermosa.
Me puse a trabajar para poder pagar un diezmo, oraba, ayunaba, leía,  daba clases, servía  en mi llamamiento, todo lo que era necesario lo hacia, pero existía un gran problema en esa preparación, tenia que pedir perdón y perdonar a todos los que me hubieran ofendido, yo estaba dispuesta a pedir perdón a todas aquellas personas a las que había ofendido, no tenia ningún problema con eso, pero cuando pensaba en perdonar a los que me habían ofendido, inmediatamente estaba en mi mente el rostro de un sobrino mío que había hecho mucho daño a uno de  mis hijos, sentía un coraje que calentaba mi piel al momento, lo único que quería era encontrarlo y golpearlo hasta matarlo, mi cuerpo temblaba y me invadía un sentimiento de odio y rencor hacia ese joven e inmediatamente trataba de borrarlo de mi mente.
Hice mi lista para ir a pedir perdón, pensando en ocuparme de lo “demás” después.
En ese momento no sabia que era  mas importante y difícil de hacer, si pedir perdón o perdonar, mi lista era larga, pero solo habían sido ofensas que yo consideraba “pequeñas”, aunque de todas maneras busque a las personas y les pedí perdón, compartiré unos ejemplo: un día, llevaba a mi hijo a la escuela y nos encontramos a un señor que paso junto a nosotros, después de unos pasos mi hijo me dijo: - “mamá, ese señor que paso me pego en la cabeza”-, yo sin preguntar los detalles o ver si eso era cierto o no, me voltee y   le dije una cantidad de majaderías, retándolo a tener un pleito a golpes con el, ¡pobre hombre!, recuerdo que quería hablar y yo no lo dejaba, mejor se fue, además que después de ese penoso incidente, mi hijo me dijo - ¡bueno mami, creo que no me pego, solo me acaricio la cabeza!- imagínense como me sentí.
Una mañana que llevaba de nuevo a mi hijo a la escuela, vimos a ese señor, me di cuenta como al mirarnos se cruzo de calle para evitar un mal rato, yo hice lo mismo y me encontré cara a cara con el, furioso, el hombre se puso a la defensiva inmediatamente, entonces yo le dije:-
- ¡señor, solo quiero pedirle que me perdone!, -extrañado me miraba como no creyendo lo que había escuchado,
- ¿Cómo dice?
- ¡que solo quiero pedirle que me perdone!, mi comportamiento del otro día no fue el adecuado, no le di tiempo a explicarse, ni siquiera le pregunte a mi hijo detalles de lo que había pasado y lo ofendí sin razón
-¡no se preocupe señora!, yo solamente le había tocado la cabeza a su hijo, pero no lo dañe
-¡si, ahora lo se!, ¡perdóneme!, - le ofrecí mi mano en señal de amistad.
-¡claro que si señora!, ¡olvídelo! ¡aquí no ha pasado nada! – nos estrechamos la mano y se despidió amablemente.
Es también imposible no recordar lo acontecido con mi gran amiga y antigua vecina.
Tiempo  atrás María y su familia vivía justo enfrente de mi casa, ella me ayudo  con mis hijos, pero aun con todo eso, yo me pelee con ella y le pegue, así que fui a buscar a Lupita que era su comadre y le pedí que me acompañara a visitar a María para pedirle perdón.
-¡Buenas noches comadre! – la primera impresión era que la casa estaba sola pero Lupita insistió
-¡comadre, buenas noches!, la puerta se abrió y apareció María, se sorprendió de vernos pero nos invito a pasar, (yo pensaba “como es posible ¿que después de que le pegue me invite a pasar a su casa?)
-Mari, (le dije), fíjate que me bautice en una iglesia y me estoy preparando para ir al Templo en México, pero para poder hacerlo, necesito que me perdones por haberte pegado.
-¿te bautizaste?, ¿en cual Iglesia?
-¡Pues a lo mejor no la conoces! es una que esta en Las Brisas, es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, la conocen como la Mormona.
-¡jajajajajaja!, María soltó tremenda carcajada y yo tuve que contar hasta diez para no volver a golpearla creyendo que se estaba burlando de mi.
-¿Qué pasa María?
-¡pues que hace rato llegue de ahí!, ¡yo me acabo también de bautizar!
Las dos nos abrazamos y nos reímos, estuvimos platicando las tres a cerca de las bendiciones que Dios nos da cuando obedecemos, días después su comadre Lupita se bautizo, ¡claro esta!, que nosotros la ayudamos.

Todo eso de pedir perdón era fácil, pero la lista se  termino y solamente me faltaba lo mas difícil, perdonar a mi sobrino, esa noche, ore de rodillas y le pedí a Dios, que me ayudara a hacerlo, muchas veces ya lo había echo, pero ese día, le dije: “si me lo encuentro, ayúdame a decir solo lo que tu quieres que diga, a sentir solo lo que tu quieres que yo sienta”, por la mañana volví a orar y pedí nuevamente lo mismo, me fui a casa de una hermana y en un callejón sin salida, le dicen “la arrinconada”, porque justamente no tiene mas de metro y medio de ancho por unos veinte metros de largo, pues fue ahí en donde  al dar vuelta, me tope con mi sobrino, no había para donde se fuera el; ni para donde me fuera yo, quiso irse hasta el otro extremo de la calle, pero lo detuve.
-X, ¡quiero hablar contigo!
-¡si tía, dígame!, me contesto y se puso unos pasos atrás,
-¡Solo quiero decirte que te perdono!, ¡te perdono de todo corazón el daño que le hiciste a mi hijo!, deseo que te vaya muy bien en la vida, te quiero y si puedo hacer algo por ti, no dudes en pedírmelo.
Mi sobrino cayo de rodillas y comenzó a llorar, beso mis manos y por mas que yo trataba de ayudarlo a levantarse, el no lo hacia, me pedía perdón una y otra vez, yo volví a sentir que mi piel se calentaba, pero ahora ya no era de rabia, era de un sentimiento de compasión y de amor hacia mi sobrino, lo abrace y tiempo después el y su familia recibieron un bautismo en la iglesia SUD.
¿Qué fue lo mas difícil?, ahora lo se.
NADA ES DIFICIL, CUANDO CONFIAS EN DIOS Y HACES SOLO LO QUE EL HARIA,  lo comparto en el nombre de Jesucristo Amen.

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